Anoche los monos viajamos en el tiempo. Bueno, ciñéndonos estrictamente a los hechos no es que viajásemos en el tiempo sino que se fundió un fusible y saltó un diferencial y se fue la luz de casa y al despertar vimos como el microondas se había vuelto loco y todos los relojes parpadeaban y creímos, sin ninguna explicación más allá de nuestro aturdimiento nocturno y un par de copas a deshoras, que habíamos viajado adelante en el tiempo más de doscientos años. En el momento de escribir estas líneas, eliminadas las legañas y vaciado el orinal, nos damos cuenta de lo ingenuos que fuimos al creérnoslo, pero como les íbamos contando, los monos, por unos pocos minutos y hasta que conseguimos desperezarnos del todo, estuvimos mentalmente en el año 2222. Lo más curioso de todo es que, durante esos sonambúlicos minutos, nuestra mente, de alguna bizarra manera para cuya justificación sería necesario explicar aquí la teoría de las supercuerdas y el gato de Schrödinger y la temporada final de Perdidos y no disponemos de espacio para nada de eso, nuestra mente adquirió ciertos conocimientos propios de ese año del señor por venir. Por eso puede decirse que, en realidad sí que estuvimos en el año 2222. ¿Y qué es lo que vimos? Absolutamente nada. Basura cósmica, eso vimos.
Flotábamos en un éter blanco que olía a lejía, en las mismas coordenadas espaciales en las que ahora mismo da vueltas el planeta Tierra, concretamente en las mismas coordenadas de nuestra casa marina. Y a lo lejos atisbamos otro mono flotando en el éter. Nos dirigimos hacia él en una peliculera mezcla de pedaleo y nado a braza en mitad del vacío y al encontrarnos nos saludamos, le preguntamos dónde estábamos. Y nos dijo que en el año 2222 y en la Tierra. Que en el 2112 se acabó el mundo. ¿En serio?, le replicamos. Sí, nos respondió, los mayas acertaron al menos una vez. Llevo aquí mucho más tiempo que tú, prosiguió, pues en mi casa no hay nadie capaz de cambiar un puñetero fusible, y para distraerme he hurgado en los escombros espaciales y averiguado algunas cosillas. El mundo terminó porque a un científico loco con bata y greñas le dio por fabricar algo llamado la Terrible Máquina de Acabar con el Mundo. Parece ser, continuó ese otro mono flotante, que estuvo diseñándola y construyéndola durante diez años y, cuando la tuvo lista, pulsó el Botón Rojo y Gordo de la Terrible Máquina de Acabar con el Mundo. Y así es cómo llegó la Historia llegó a su fin. ¿Y nadie sabía a qué se dedicaba ese científico loco?, preguntamos los monos, acojonados hasta él tuétano. Una sola persona lo sabía, el Rey de Alemania, territorio que en 2112 comprendía todo el continente europeo, nos respondió. Tal monarca le concedió al científico loco un premio a la tarea investigadora y durante su audiencia privada salió a la luz el delicado tema de su Terrible Máquina de Acabar con el Mundo y sus intenciones para con ella. Tras escuchar al científico loco, el Rey de Alemania decidió que lo mejor era mandarlo a Washington D.C con todos los gastos pagados, esa fue su monárquica solución al problema de la Terrible Máquina de Acabar con el Mundo. Cuando entonces, en el presente, otro mono cambió el fusible roto y nos hizo regresar a nuestra casa y a nuestro tiempo. Un tiempo que, por suerte, nada tiene que ver con ese futuro.
[columna publicada en el diario Levante el 11/01/2012]
5 comentarios:
pues yo sé hablar alemán
que va que va que va, yo leo a kierkegaard
los tranvias de mi pueblo .. los tranvías de mi pueblo ... los tranvías de mi pueblo ..tocame un poquito los cojones....
Los monos que viajaron al 2222 ¿pueden aclararnos si el Madrid ganó la liga de este año? Al igual que pasó en regreso al futuro, podrían haberse traido un almanaque con todos los resultados deportivos del siglo XXI. Nos cagaríamos en la prima de riesgo.
no hace falta viajar al 2222 , viendo como funciona el fútbol, para saber que el barsa ganara todo ....escribo barsa con s por que en mi teclado español no hay la tecla ç .....
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